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¿Por qué buscamos tranquilidad y terminamos necesitando cada vez más certeza?

8 de septiembre de 2026 por
Kcori Herrada Reyes

Cuando sentimos ansiedad, es natural querer que desaparezca.

Buscamos respuestas. Revisamos mensajes. Preguntamos una segunda vez. Anticipamos escenarios. Revisamos que todo esté bien. Intentamos tener un plan B, un plan C y, si es posible, saber exactamente qué va a pasar.

En el momento, estas conductas pueden producir alivio.

El problema aparece cuando ese alivio se convierte en una necesidad constante de certeza.

Porque mientras más intentamos eliminar toda posibilidad de duda, más difícil puede resultar tolerar aquello que simplemente no podemos controlar.

La incertidumbre no es el problema; nuestra relación con ella puede serlo

La incertidumbre forma parte de prácticamente todas las áreas de la vida.

No sabemos exactamente cómo responderá alguien a un mensaje. No podemos garantizar que una relación funcione. No conocemos todas las consecuencias de una decisión laboral. Tampoco podemos predecir cómo será nuestro futuro.

Sin embargo, para algunas personas, no saber no se experimenta simplemente como una falta de información, sino como algo amenazante.

En psicología, este fenómeno se estudia como intolerancia a la incertidumbre: una tendencia a reaccionar negativamente ante situaciones cuyo resultado no puede conocerse con seguridad.

La investigación ha encontrado una relación consistente entre la intolerancia a la incertidumbre, la preocupación y diferentes problemas relacionados con la ansiedad. Un metaanálisis publicado en 2026, que reunió 738 tamaños de efecto de 115 estudios y 138 muestras independientes, encontró asociaciones especialmente fuertes entre intolerancia a la incertidumbre y preocupación, así como entre esta última y diferentes trastornos de ansiedad.

Es decir, el problema no necesariamente es que exista incertidumbre.

Puede ser que nuestra mente haya aprendido que sentir incertidumbre significa que algo está mal y que debemos hacer algo para eliminarla.

El alivio puede convertirse en un ciclo

Imagina que estás esperando una respuesta importante.

No llega.

Empiezas a pensar:

“¿Habrá pasado algo?”

Revisas el celular.

Nada.

Vuelves a revisar.

Sigues sin respuesta.

Preguntas a otra persona qué cree que significa.

Finalmente, recibes el mensaje.

Sientes alivio.

Ese alivio es real. Pero también puede reforzar el comportamiento que lo precedió.

La próxima vez que aparezca una situación incierta, es posible que vuelvas a revisar, preguntar o buscar información para sentirte tranquilo nuevamente.

Así puede formarse un ciclo:

incertidumbre → ansiedad → búsqueda de certeza → alivio → nueva necesidad de certeza.

La búsqueda de tranquilidad no siempre reduce la ansiedad a largo plazo. En determinados casos, puede terminar enseñándole a la mente que solo puede sentirse segura cuando obtiene una respuesta, una confirmación o una garantía.

Y la vida no puede ofrecer garantías sobre todo.

¿Por qué seguimos buscando certeza si sabemos que es imposible tenerla?

Porque la preocupación puede dar una sensación de preparación.

Pensar repetidamente en lo que podría salir mal puede hacernos sentir que estamos anticipándonos al problema. Incluso puede parecer que estamos tomando el control.

Pero preocuparse y resolver un problema no son necesariamente lo mismo.

Si existe una acción concreta que podemos realizar, pensar en ella puede ser útil.

Pero cuando la situación no tiene una respuesta inmediata —“¿y si me rechazan?”, “¿y si algo sale mal?”, “¿y si después me arrepiento?”— seguir pensando no necesariamente produce una solución.

Puede producir más preguntas.

La investigación sobre la intolerancia a la incertidumbre plantea precisamente esta relación: la preocupación puede funcionar como un intento de reducir el malestar que produce no saber qué ocurrirá y generar una sensación subjetiva de control.

La certeza absoluta no existe

Este punto puede resultar incómodo:

no siempre vamos a poder saber.

No podemos saber con absoluta seguridad qué piensa otra persona.

No podemos garantizar que una decisión será correcta.

No podemos controlar todas las variables de una relación, un proyecto, un trabajo o nuestro futuro.

Y tratar de conseguir esa seguridad absoluta puede terminar ocupando una cantidad enorme de energía.

La alternativa no consiste en dejar de preocuparnos por completo ni en “aprender a que nada nos importe”.

Se trata de desarrollar una relación diferente con la incertidumbre.

Poder decir:

“No sé qué va a pasar y, aun así, puedo afrontarlo.”

Aprender a tolerar el “no sé”

La psicoterapia ha estudiado diferentes formas de trabajar esta relación con la incertidumbre. En particular, tratamientos psicológicos dirigidos a la intolerancia a la incertidumbre han mostrado resultados favorables en personas con ansiedad generalizada, incluyendo reducciones en preocupación y ansiedad.

Esto no significa aprender a vivir sin miedo ni eliminar todas las dudas.

Significa desarrollar la capacidad de permanecer frente a ellas sin responder automáticamente con más comprobaciones, más preguntas, más anticipación o más preocupación.

Porque quizá el objetivo no sea conseguir una vida en la que todo esté claro.

Quizá sea construir la confianza de que, incluso cuando algo no esté claro, podemos atravesarlo.

La tranquilidad que buscamos podría no estar en tener todas las respuestas

A veces pensamos:

“Cuando sepa qué va a pasar, voy a estar tranquilo.”

Pero puede aparecer una nueva pregunta inmediatamente después.

¿Y si ocurre esto?

¿Y si cambia aquello?

¿Y si tomé la decisión equivocada?

La tranquilidad basada exclusivamente en la certeza necesita ser renovada constantemente.

En cambio, aprender a convivir con cierta dosis de incertidumbre permite que la calma no dependa de tener todas las respuestas.

No se trata de dejar de buscar soluciones cuando realmente las necesitamos.

Se trata de reconocer cuándo estamos resolviendo un problema y cuándo simplemente estamos intentando escapar de la incomodidad de no saber.

Porque hay preguntas que tienen respuesta.

Y hay otras que solo pueden responderse viviendo.

Si sientes que la preocupación, la necesidad de control o la búsqueda constante de seguridad están interfiriendo con tu vida, una sesión de psicoterapia puede ayudarte a comprender qué hay detrás de ese patrón y a desarrollar nuevas formas de relacionarte con la incertidumbre. En Holística, puedes encontrar un espacio de psicoterapia para trabajar estos procesos de manera personalizada, con acompañamiento profesional y a tu propio ritmo.

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